Altares

SAN JOSÉ

El altar dedicado a San José, muy grande y bello, tiene la particularidad de  que es el único altar del Santuario de María Auxiliadora de Torino-Valdocco que ha quedado como lo quiso Don Bosco, aún después de los trabajos de ampliación de la Basílica hechos desde 1934 hasta 1938. El cuadro central lo  pintó el pintor Lorenzone (el mismo autor del gran cuadro del altar mayor) que trabajó siguiendo las indicaciones precisas de Don Bosco. Se presenta a San José con el Niño en sus brazos; junto a él, en actitud dulce y materna de aprobación, tenemos a María que tiene las manos juntas.
Un detalle importante: el Niño Jesús da a San José rosas y el Santo las deja caer sobre la Iglesia de María Auxiliadora y sobre el Oratorio de Torino-Valdocco, que aparece como estaba en 1869. El día de la inauguración, explicando el cuadro, Don Bosco dijo:
“Las rosas blancas y rojas son las gracias que Dos nos concede; también las rosas rojas, que van acompañadas por el dolor, los sufrimientos y los sacrificios, vienen de Dios y son las mejores”.

SAN JUAN BOSCO 

También se recuerda a Don Bosco en la iglesia que él erigió en honor de María Auxiliadora, con un altar, obra del arquitecto Mario Ceradini. Es un verdadero monumento, por la grandiosidad artística de sus líneas y por la armonía de los mármoles. La balaustrada y los escalones del altar son de mármol amarillo de Siena. A los lados, dos estatuas del escultor Nori sostienen respectivamente un   cáliz con la sagrada Forma y un corazón en llamas, símbolos de la fe y de la caridad.
Cuatro columnas de jaspe rojo de Garessio enmarcan el cuadro, obra del pintor P. G. Crida, que presenta a Don Bosco en medio de un grupo de muchachos que les invita a mirar con confianza a María. Las cristaleras del fondo recuerdan episodios importantes de su vida en Valdocco. La de la izquierda recuerda la llegada de Don Bosco y Mamá Margarita a la casa Pinardi (3 de noviembre de 1846).
La URNA de bronce contiene el cuerpo de Don Bosco. Los ornamentos que cubren los restos fueron un regalo del Papa Benedicto XV. Es uno de los puntos de mayor atracción de la Basílica de María Auxiliadora. Los peregrinos o simples fieles que se detienen meditando u orando delante de la urna de Don Bosco suelen ser muchos: padres que encomiendan a sus hijos al gran Santo de la juventud, antiguos alumnos y antiguas alumnas, jóvenes y menos jóvenes que le rezan, jóvenes que encomiendan a su Santo patrono su presente y su futuro.

SANTA MARIA D. MAZZARELLO

A la derecha, junto a la entrada principal, se encuentra la capilla de Santa María D. Mazzarello (1837-1881) cofundadora con Don Bosco de las Hijas de María Auxiliadora (HMA, llamadas también Salesianas). María era una mujer extraordinaria, inteligente, dotada de gran sensatez y creatividad. Poseía una profunda piedad, vivía siempre en la presencia de Dios y ocupada en ayudar a sus compañeras.
En 1864 se encontró con Don Bosco. Éste, con mirada profética, vio en aquella joven a su primera Hija de María Auxiliadora para continuar con ella el trabajo educativo en favor de las muchachas. María se hizo religiosa para servir, como Don Bosco y con Don Bosco, a Dios y a su Iglesia en la sociedad de su tiempo, atenta siempre a las necesidades de las jóvenes, especialmente de las pobres.
El Papa Juan Pablo II en su visita a Turín-Valdocco el 13 de diciembre de 1980, hablando a las religiosas en la Basílica de María Auxiliadora, afirmó de ella:
“Santa María Mazzarello… hablada de las virtudes de un modo tan claro y persuasivo que parecía inspirada por el Espíritu Santo. Vivió en la humildad, en la mortificación y en la serenidad su entrega a Dios, realizando su ‘maternidad de amor’ hacia miles de muchachas”.
Murió en Nizza el 14 de mayo de 1881 y su cuerpo fue trasladado a Turín-Valdocco en 1938 y colocado en la urna de bronce bajo el altar preparado para su beatificación. La imagen de la Santa en el cuadro situado encima del altar y las otras pinturas son del pintor Crida.

SANTO DOMINGO SAVIO (1842-1857)

Esta capilla estuvo dedicada antes a San Francisco de Sales; hoy, a Santo Domingo Savio, el santo alumno de quince años de Don Bosco. Domingo estuvo con él en Valdocco sólo tres años, y dio muestras de una inteligencia viva en los estudios, una gran bondad en sus relaciones.
Su lema era:
“ANTES MORIR QUE PECAR”.
“Domingo quiere decir ‘del Señor’; por tanto, yo debo y quiero ser totalmente del Señor, y quiero hacerme santo y no seré feliz mientras no sea santo” . El secreto de su santidad (madurada en la escuela de Don Bosco) era muy sencillo: un gran amor a Jesús en la Eucaristía, una gran devoción a la Virgen, entrega práctica en la ayuda a sus compañeros para que se hiciesen mejores y… una alegría franca y contagiosa que le hacía simpático a todos.
“Santidad y alegría” son los rasgos del estilo de su santidad. Una vez dijo a un compañero:
Debes saber que aquí hacemos consistir la santidad en estar muy alegres. Para ello basta esforzarse para evitar el pecado, como un gran enemigo que nos roba la gracia de Dos y la paz del corazón; y procuraremos cumplir de modo exacto nuestro deberes y acudir con frecuencia a los actos de piedad”.
Murió a los 15 años en 1857. Fue proclamado santo (“¡Ese pequeño gran santo!”) el 12 de junio de 1954. Es el más joven de los santos no mártires venerados en la Iglesia. El cuadro de Mario Caffaro Rore presenta a Domingo saliendo por la puerta del Oratorio para ir a encontrarse con sus amigos, pequeños y mayores. La urna que hay junto al altar contiene las reliquias del muchacho santo.

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