El Gran Cuadro

El cuadro es una idea de Don Bosco que hablando con el pintor Lorenzone lo hacía como de un espectáculo ya visto: “En alto María Ssma. entre el coro de los ángeles, después el coro de los profetas, de las vírgenes, de los confesores. En la tierra los embemas de las grandes victorias de María y de los pueblos del mundo en acto de alzar las manos hacia Ella como pidiendo ayuda”. El pintor le hizo notar   que para pintar   un tal cuadro se necesitaría una plaza y para contenerlo una iglesia grande como Piazza Castello.   Don Bosco se resignó a ver su proyecto un poco reducido.  El pintor Lorenzone alquiló el salón más alto de Palazzo Madama, y se puso manos a la obra. Después de tres años de trabajo el grande cuadro ocupó su lugar. Don Bosco lo describe de la siguiente manera:

“La Virgen se mueve en un mar de luces y de majestad. Rodeada de ángeles los cuales la saludan como su Reina. Con la mano derecha sostiene el cetro, que es el símbolo de su grande poder, con la izquierda sostiene el niño Jesús quien tiene los brazos abiertos ofreciendo de esta manera su gracia y su misericordia a quien recurre a su augusta Madre. Rodeándola y hacia abajo se ven los Apóstoles y los Evangelistas, quienes transportados en un dulce extasis, mirando a la Virgen es como si exclamaran: Regina Apostolorum, ora pro nobis.
En la parte inferior del cuadro se ve la ciudad de Torino, con el santuario de Valdocco en priper plano y con el fondo de Superga. Lo que es de gran valor en el cuadro es su idea religiosa que genera una impresión devota a quien lo observa”.  Según la descripción de Don Bosco, el cuadro es una icona eficaz del título “María Madre de la Iglesia”. Y además una gran página de catequesis mariana. María, en cuanto Madre del Hijo de Dios, es la Reina del cielo y de la tierra, la Iglesia representada en los apóstoles y en los santos, la aclama como Madre y Auxiliadora potente.

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