Historia

El 8 de Diciembre de 1854, Domingo Savio entró en la Iglesia, se arrodilló delante del altar de la Inmaculada y se consagró a la Virgen con esta brevísima oración:
María, te doy mi corazón, haz que sea siempre tuyo. Jesús y María sean ustedes mis amigos, pero por piedad, que yo muera antes que me ocurra la desgracia de cometer un solo pecado “.
En el altar de la Inmaculada en el cual Domingo Savio se consagró, se encuentra un cuadro que recuerda la fundación de la Compañía de la Inmaculada el 8 de Diciembre de 1854. Dos años después Domingo Savio acompañado de los mejores muchachos del Oratorio se arrodillaban delante de este altar, había fundado la Compañía de la Inmaculada . Se dijo a sí mismo:
“¿Por qué debemos buscar de hacer el bien a los otros en manera solitaria? ¿Por qué no unir los mejores jóvenes del Oratorio en una sociedad secreta, para poder ser así apóstoles entre los otros jóvenes del Oratorio?”. Don Bosco aprovó el proyecto. Domingo no sabía que viviría sólo nueve mese más. Había ya creado su obra maestra, los “fundadores” de la Compañía serán después Salesianos.
La Compañía de la Inmaculada se transplantó en cada casa salesiana y por más de 100 años (hasta el 1967) fue el grupo de jóvenes comprometidos y semillero de vocaciones salesianas. En esta misma Iglesia es donde Domingo Savio, detrás del altar mayor, estuvo en éxtasis delante del tabernáculo por más de seis horas.

Don Miguel Rua, uno de los Salesianos de la primerísima hora (26 de enero de 1854), celebró en esta iglesia su primera Misa en 1860 asistido por el mismo Don Bosco.
Precisamente había nacido junto a Torino-Valdocco, a pocos centenares de metros. A los ocho años la Providencia hizo que se encontrase con Don Bosco, del que había oído hablar y que marcará para siempre su vida. Cuando le vio, le pidió una estampa. El Santo, habiendo intuido el futuro de aquel niño unido totalmente al suyo, hizo como que le cortaba la mano mientras le decía:

” Toma, Miguelito, toma:
nosotros dos lo haremos todo a medias “.

Miguel en aquel momento no entendió… lo entenderá más tarde, después de los años pasados con el Santo de los jóvenes, trabajando con él por ellos. Don Bosco había visto bien: Miguel Rua desde aquel momento estará siempre junto a él y será su más fiel y genial colaborador además de su primer sucesor al frente de los Salesianos, designado por el mismo Don Bosco. Fue un grande y fiel imitador de Don Bosco en todo, también en la santidad. Fue declarado Beato por el Papa Pablo VI el 29 de octubre de 1972.

1860. El 22 de Octubre de 1860, en la puerta que da al externo a la derecha de la Iglesia, sucedió otro hecho extraordinario. Francisco Dalmazzo que llegó al Oratorio con 15 años de edad tenía una grande voluntad pero la salud un poco débil. Francisco le dice a Don Bosco: Yo lo quiero mucho, pero si continuo aquí me voy a enfermar. Si me lo permite escribiré a mi madre que me venga a retirar”. Hizo como dijo. Pero la mañana que se preparaba a partir, quería confesarse con Don Bosco. Es así que mientras se preparaba para la confesión detrás del altar, durante la misma y después vió tres veces los encargados del pan venir de Don Bosco y decirle que no había pan suficiente para el desayuno. La primera vez los mandó del panadere Magra, quien no quería darle más credito por lo que negó el pan, es así que Don Bosco ordenó que se recojiera todo el pan que se encontrase al Oratorio que él mismo lo distribuiría delante de la puerta.
Francisco presintió que estaba por suceder algo de extraordinario. Saliendo de la Iglesia hizo señas a la madre, que lo esperaba con la valija, que lo espere todavía un poco más.
Cuando arrivó Don Bosco (según su declaración jurada) me puse primero y tomé un pan, miré en la cesta y ví más o menos quince o veinte panes. Luego me coloqué sin ser observado justamente detrás de Don Bosco, sobre el escalón y con los ojos bien abiertos. Don Bosco comenzó a distribuír el pan, cadauno de los jóvenes del Oratorio pasaba delante de él contento de recibir el pan de las propias manos de Don Bosco, mientras le besaban la mano a cada uno le decía una palabra, le sonrreía.
Todos en el Oratorio, unos 400, recibieron su pan, mientras en la cesta el remanente era siempre la misma cantidad vista antes. Yo quedé sorprendido y sin palabra. Me dirigí donde estaba mi madre y le dije: ‘cambié idea, no vengo a casa. ‘Aquí se come poco, pero Don Bosco es un santo’.
Esta es la única razon por la que me quedé en el Oratorio y me hice salesiano.” (MB 6,777). Francisco Dalmazzo fue ordenado sacerdote y fue director en Torino-Valsalice por ocho años, fue además el primer procurador general de la Congregación Salesiana.

Lascia un commento

Il tuo indirizzo email non sarà pubblicato. I campi obbligatori sono contrassegnati *