El Sistema Preventivo

EL SISTEMA PREVENTIVO …

San Juan Bosco dejó como herencia a la Iglesia y a la humanidad su santidad forjada por un grande amor a Dios y de un empeño total, espiritual y social, en favor de los jóvenes. Su proyecto no termina en la fundación
* de los Salesianos (SDB) y
* de las Hijas de María Auxiliadora (FMA-HMA) y
* de los Cooperadores Salesianos.
Todo lo contrario estos grupos debían continuar la obra que en favor de la juventud él había iniciado, teniendo vivo el espíritu salesiano y con éste el sistema preventivo como memoria de Don Bosco educador.
“El Sistema Preventivo no es un libreto o un tratado de pedagogía… sino una praxis que puede ser modelo e inspiración para cuantos hoy se preocupan por utilizar la memoria de una experiencia, capaces de adaptarse a las cambiantes situaciones de la realidad juvenil. Tal experiencia dió y continua a dar resultados positivos: la inspiración genuinamente evangélica es el motivo principal.” (Don Egidio Viganó, séptimo sucesor de Don Bosco). Don Bosco escribió:
“Dos son los sistemas de educación usados en el tiempo para la educación de la juventud: preventivo o represivo. El sistema represivo consite en hacer conocer la ley a los súbditos, luego controlar para descubrir los transgresores para poder así aplicar el merecido castigo…

Diferente, y diría opuesto es el sistema preventivo. Éste consiste en hacer conocer las prescripciones y las reglas de un instituto y luego controlar, de manera que los alumnos vean siempre el director o los asistetes que los observan, que se les acercan y hablan como un padre amoroso, que son una guía en cada momento, que saben dar un consejo y corregir amablemente.
Esto quiere decir poner a los alumnos en la imposibilidad de hacer lo que no se debe. Este sistema se base enteramente en la razón, la religión y la amabilidad; por lo que excluye cualquier castigo violento y trata de evita cualquier tipo de castigo. Nos parece que esto sea preferible…” Don Bosco nos da las razones de esta preferencia, no acudiendo a libros de pedagogía sino a su experiencia de tantos años educando jóvenes.

…”PADRE Y MAESTRO DE LOS JÓVENES”

Por su larga actividad en favor de los jóvenes, por haberles regalado su tiempo, su inteligencia y creatividad, en una palabra toda su vida, el pueblo llamó a Don Bosco “EL SANTO DE LOS JOVENES”.
En el centenario de su muerte en 1988, la Iglesia a través de Juan Pablo II declaró oficialmente San Juan Bosco “Padre y Maestro de la Juventud” con la carta ‘Iuvenum Patris’ (Padre de los jóvenes). Reproducimos algunos de sus fragmentos más significativos:
“Su estatura de Santo le sitúa, con originalidad, entre los grandes Fundadores de Institutos religiosos en la Iglesia. Sobresale por muchos aspectos. Es el iniciador de una verdadera escuela de espiritualidad apostólica nueva y atrayente; es el promotor de una devoción especial a María, Auxiliadora de los Cristianos y Madre de la Iglesia; es el testigo de un sentido eclesial leal y valiente, manifestado por medio de relaciones entonces difíciles entre la Iglesia y el Estado; es el apóstol realista y práctico, abierto a las aportaciones de los nuevos descubrimientos; es el organizador celoso de las Misiones con sensibilidad verdaderamente católica; es, de un modo excelso, el ejemplar de un amor de preferencia hacia los jóvenes, especialmente los más necesitados para el bien de la Iglesia y de la Sociedad; es el maestro de una práctica educativa eficaz y genial, dejada como precioso regalo que se debe guardar y desarrollar… Para San Juan Bosco, fundador de una gran Familia espiritual, se puede decir que el rasgo peculiar de su ‘genialidad’ está unido a la práctica educativa que él mismo llamó ‘sistema preventivo’.
Esto supone, en cierto modo, la síntesis de su sabiduría pedagógica y constituye el mensaje profético que ha dejado a los suyos y a toda la Iglesia, mereciendo la atención y el reconocimiento de muchos educadores y estudiosos de pedagogía… En la Iglesia y en el mundo la visión educativa integral, que vemos encarnada en Juan Bosco, es una pedagogía realista de la santidad. Urge recuperar el verdadero concepto de santidad, como componente de la vida de todo creyente. La originalidad y la audacia de la propuesta de una ‘santidad juvenil’ es intrínseca al arte educativo de este gran santo, al que puede definirse con justicia como “maestro de espiritualidad juvenil”. Su secreto particular fue el de no defraudar las aspiraciones profundas de los jóvenes (necesidad de vida, de expansión, de alegría, de libertad, de futuro) y, al mismo tiempo, de llevarles gradualmente con realismo a experimentar que sólo en la ‘vida de gracia’, es decir, en la amistad con Cristo, se pueden actuar de lleno los ideales más auténticos”.

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